Dicen que el pescador de la maruca nació con un anzuelo en la mano y olor a salitre en el alma… y en los calcetines. Es una leyenda viva de la costa, ese tío que se levanta antes que el sol, insulta a las gaviotas como si fueran viejos colegas y asegura que los peces “solo pican si la miras con respeto… o con hambre”.
Y ojo, que el pescador de la maruca es duro, pero noble: solo pesca lo necesario, respeta el mar más que a su suegra y deja la costa más limpia que un quirófano, aunque él mismo vaya siempre un poco hecho un cuadro y esté recién restaurado.